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viernes, 18 de noviembre de 2011

Santiago Chacón Jacobo: Un campeón ante la vida

A menudo, conocer historias esperanzadoras nos motiva a seguir adelante, es por esto que deseamos compartir con ustedes el testimonio de vida de un pequeño gran  campeón: Santiago Chacón Jacobo
¡Esperamos que impacte positivamente su día!

Testimonio compartido por: 
José Pablo Chacón & Laura Jacobo, papás de Santiago

Todo el embarazo fue maravilloso. Lo habíamos ansiado por mucho tiempo y lo disfrutamos mucho. Los exámenes y ultrasonidos siempre eran normales. Todo estaba bien. Pero al cumplir justos los 7 meses de gestación, Laura dejó de sentir los movimientos del bebé en su vientre. Pasamos una noche entera pendientes de que se moviera, pero no lo hizo.
A la mañana siguiente llamamos a la ginecóloga y nos dijo que nos recibiría de inmediato en su consultorio. Estuvimos ahí un par de horas. El ultrasonido mostraba que el bebé estaba vivo, pero su corazón era apenas perceptible, sus respiraciones también estaban a un nivel muy bajo.
La ginecóloga nos envió de emergencia a la Clínica Santa Rita, donde nació Santiago, para mantener a Laura y al bebé en observación. No parecía haber ninguna explicación para que Santiago estuviera como inconsciente o desmayado.
El consenso de los médicos consultados por la ginecóloga fue que había que hacer cesárea de emergencia. Y así sucedió ese mismo día.
La cesárea fue muy complicada, ambos estaban en peligro. Yo podía ver los monitores de Laura y sabía que su presión estaba por los suelos. No podían ponerle más anestesia por lo mismo.
Cuando por fin lograron extraer a Santiago, él estaba como inerte. Hicieron todos los procedimientos de rigor, pero siempre se extubaba (les introducen un tubito para verificar que todas sus vías están abiertas).
Inmediatamente fue trasladado en una ambulancia al Hospital Nacional de Niños. Fue muy triste ver a nuestro bebé recién nacido irse solito en una ambulancia.
Cuando Laura salió de sala de recuperación y estaba ya en una habitación, el pediatra que estuvo en el parto (y que ahora es el pediatra de Santi) regresó del Hospital, dijo que necesitaba hablar solo con nosotros dos. Así que todos salieron y nos quedamos solos con él. Fue cuando nos dio la noticia que jamás hubiéramos imaginado recibir. Santiago había nacido con una serie de malformaciones congénitas y requeriría de múltiples cirugías. Al día siguiente se le haría la primera.
Santiago nació con una atresia de esófago con fístula a las vías respiratorias. Eso quiere decir que su esófago no se conectaba con el estómago sino con sus pulmones. Tenían que cerrar la fístula e intentar unir el esófago con el estómago.
Santiago también presentaba otra malformación en el resto de su sistema digestivo. Su colon descendente se une con la vejiga en vez de desembocar en el recto y este en el ano.
El pediatra nos sugirió que lo bautizáramos esta misma noche.
Aquella noche, del día en que él nació, cuando lo fui a ver a la incubadora del Hospital, me impresioné de la cantidad de tubos y vías que tenía. Fue un panorama sumamente aterrador.
A la mañana siguiente Santiago fue sometido a la primera operación y todo salió bastante bien. Pero debía quedarse internado en la Unidad de Cuidados Intensivos de Neonatos. Fue conectado a un respirador y recibió alimentación parenteral.
Laura no pudo ir a verlo sino hasta varios días más tarde. Durante esos días Santiago fue sometido a múltiples análisis y exámenes. Nos hablaban de riesgos múltiples, de todo tipo. Había poca esperanza.
Cerca de 22 días después, ya Laura y yo podíamos estar juntos casi todo el día en la Unidad y nos turnábamos las visitas a Santiago, todo nos cambió una vez más.
Aquella tarde nos llamaron a una oficina aparte para decirnos que Santiago había sufrido una crisis general no identificada y que aún estaban intentando estabilizarlo. Nos dijeron que muy probablemente no iba a sobrevivir esa noche.
Esa tarde lloramos como nunca, estábamos devastados, no nos permitieron entrar a verlo. Regresamos a casa con el corazón hecho añicos. Y le rogamos a Dios que no se llevara a nuestro pequeño Santi.
Pasamos toda la madrugada llamando al Hospital para saber cómo seguía. Por la mañana salimos bien temprano hacia el Hospital y él seguía vivo. Pero sedado, hinchado y con un respirador de alta frecuencia. Era irreconocible.
En medio de todo esto, nos llega una noticia sorprendente. Los estudios de la placenta y del cordón umbilical habían revelado algo sumamente inusual en la gestación del bebé. El cordón umbilical carecía de la llamada “Jalea de Wharton”. Sustancia esencial para la transmisión de oxígeno y nutrientes en la vida intrauterina. Simplemente no la tenía. Por lo que era imposible que recibiera lo esencial para la vida. En el mundo solo se han reportado 50 casos iguales en 300 años. Y solo Santiago ha logrado nacer vivo con esa condición. No hay explicación, es imposible que un bebé sobreviva a esa condición, sin embargo estaba vivo y luchando por seguir vivo.
Estuvo 6 semanas en el Hospital y, por fin pudimos traerlo a casa. Qué día más feliz. Tuvimos que aprender muchas cosas. Alimentarlo por sonda, poner y quitar la cánula de oxígeno y manejar las máquinas condensadoras de oxígeno; tuvimos que aprender a poner, quitar y lavar todos los materiales de la colostomía. No podíamos recibir visitas ni sacarlo de la casa. Debíamos tener un estricto control de desinfección y un ambiente controlado (humedad y temperatura). Pero todo eso lo hicimos con todo el amor del mundo. Estamos dispuestos a pagar cualquier precio por la salud y la felicidad de nuestro hijo.
A Santi le restan al menos dos cirugías más. La próxima está programada para febrero. Sabemos que nos queda un largo camino que recorrer, pero también sabemos que vale la pena.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Bajo la sombra de Tus Alas

Jacqueline Campos, una de nuestras seguidoras vía facebook, nos compartió vía e-mail un testimonio que no nos podíamos guardar. Es una maravillosa expresión de la grandeza de Dios. Los invitamos a leerlo a continuación:


Tengo 15 semanas de embarazo y un desprendimiento del 10%  de la bolsita del bebé. Estamos los dos luchando mucho y cuidándonos. El miércoles pasado me sentía muy mal, me fui al hospital y el diagnostico que me dieron fue que mi bebe había colapsado.
Yo en ese momento lo que imaginé fue que se había desprendido más, jamás imagine que había perdido a mi bebé. No saben lo que sentí cuando la doctora me dijo lo sucedido. Inmediatamente me pasaron a sala de operaciones para el legrado, y ya lista con la bata verde entró mi esposo. Le conté lo que había pasado, él estaba en un estado donde no  me decía nada. 
Cuando me llevo arriba se ataco a llorar, yo igual pues no lo podíamos creer, nuestro segundo bebe lo habíamos perdido. Se le aviso a la familia, ya que tengo otra bebé, y necesitábamos avisar que yo no iba a llegar a dormir. 
Paso un ratito y una doctora  preguntó que porqué yo estaba en el área de ginecología, le dijimos que había tenido un aborto prolongado. La doctora (nuestro ángel), dudo y dijo: "no, llévela a hacer un segundo ultrasonido". Nosotros seguimos las indicaciones, ya cuando era mi turno me acosté en la camilla y la doctora comenzó a hacerme el ultrasonido. Ella dudo que mi bebe estuviera muerto y me dijo: "no te lo voy a hacer abdominal porque tienes mucho liquido". NO SE IMAGINAN LA SORPRESA: MI BEBE ESTABA PATEANDO MOVIENDO LOS BRAZOS Y EL CORAZÓN LATÍA MUY FUERTE. La doctora sólo me dijo: "pero mama este bebé esta más vivo que usted". Yo comencé a llorar, pedía que pasaran a mi esposo y él cuando vio a bebé vivo, soltó en llanto.
Me pregunté por mucho rato ¿CÓMO ME PUDIERON HACER ESTO? La respuesta de unas enfermeras fue que la máquina de abajo era muy mala, no como la de arriba que es lo último en tecnología (se podrán imaginar cómo me puse al tener esa respuesta). 
Mi esposo y yo oramos juntos en un cuarto que nos dejaron esperando mientras firmaban mi salida, le dimos gracias infinitas a Dios ya que nos había hecho un milagro con nuestro bebé. Tengo siempre el desprendimiento, pero me estoy cuidando mucho y ahí esta mi bebé luchando por estar con nosotros.
Dios está actuando grandemente en mi vida, mi fe es muy grande y sé que mi bebé estará conmigo en noviembre, ya que estoy para ese tiempo. ¡Miles de bendiciones!

‎"El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente (...) Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro..." Salmo 91 



martes, 17 de mayo de 2011

Aprendiendo

Ana Arroyo 
Padres Jóvenes, Costa Rica

“A menudo los hijos se nos parecen, 
y así nos dan la primera satisfacción; 
ésos que se menean con nuestros gestos, 
echando mano a cuanto hay a su alrededor. 

Esos locos bajitos que se incorporan 
con los ojos abiertos de par en par, 
sin respeto al horario ni a las costumbres 
y a los que, por su bien, (dicen) que hay que domesticar.”

Esos locos bajitos
Joan Manuel Serrat

Nunca voy a olvidar los primeros días que precedieron a la noticia de mi nueva maternidad. Pasaba noches completas dibujando en mi mente múltiples reminiscencias sobre el verdadero significado de la paternidad/maternidad. Muchos autores alrededor del mundo han tratado de descifrar lo que parece un enigma. Gracias a una gran cantidad de profesionales de primer nivel, tenemos lo que personalmente he denominado, una “Cruzada del Siglo 21”, esta vez, olvidando los tesoros santos perdidos y las tierras de los libros sagrados, y procurando encontrar la respuesta a ¿cómo ser mejores padres/madres?
Aún así, en cuanto tuve a mi hijo entre mis brazos, me sentí dichosa, pues encontré lo que no había hallado en ningún libro o consejo anteriormente. Ese Santo Grial que nos viene de inmediato y movido por un motor fuertísimo, se trata del instinto. Al dar a luz a mi hijo, también nació una nueva parte de mí, que me condujo a un camino de perenne aprendizaje.
Aprendí entonces, que el verdadero amor no es egoísta, pues un hijo es una invitación incesante a darse siempre, a todas horas y en todo lugar. Cuando tenemos un hijo, le damos permiso a nuestro corazón para que salga de nuestro cuerpo ¿Qué mayor muestra de generosidad que esta?
Cuando tenía 15 años pude presenciar una de las charlas más significativas de toda mi vida. Tenía a s.S. Dalai Lama frente a mis ojos y él hablaba sobre “Los ocho versos para el entrenamiento de la mente”. El primer verso recita lo siguiente: “Que cuide yo siempre de todos los seres sensibles, con la resolución de llevarlos a alcanzar, el beneficio más alto, que es más valioso que cualquier joya que cumpla los deseos.” En ese momento jamás imagine la trascendencia de esas palabras a mi vida.
Hoy a mis casi 22 años (no mucho después), entiendo que son perfectamente aplicables a mi misión como madre. Sin miedo y con orgullo puedo decir que la meta más relevante que mueve cada segundo de mi existencia es la de convertirme en la mejor madre que pueda llegar a ser.
Fue ahí cuando aprendí que muchas veces nuestros objetivos y planes de vida cambian, pero el cambio siempre es bueno y maravilloso, sólo hay que mantener un equilibrio. En un abrir y cerrar de ojos, cambiar pañales, sonar narices y limpiar restos de comida ya no son parte de una lista de actividades desagradables, sino que adquieren un matiz especial y precioso (Bien profiere Glenn Doman que si queremos tratar con los problemas de nuestros hijos, también debemos de disfrutar sus placeres.). La mayor gratificación a todo eso es sentir dos bracitos estrujando el cuello y escuchar una boquita pequeñita proferir: MAMÁ/PAPÁ.
Aprendí que ser padre/madre no es girar un cheque ni tampoco hacer un depósito bancario. Que la labor de la paternidad/maternidad no tiene precio alguno, y si bien estamos llamados a satisfacer las carencias terrenales de nuestros pequeños, lo más importante es cada día satisfacer su ansia de amor, hasta que ellos estén tan llenos de él, que les sea necesario darlo al mundo.
Aprendí a establecer prioridades. Hay cosas que estarán allí por algún tiempo más y hoy pueden esperar. En el caso de nuestros hijos, el tiempo no perdona, pasa y debemos aprovecharlos y disfrutar con ellos cada instante, porque muy pronto ya estarán tomando el rumbo que les conduce su propio destino. Importa el ahora.
Aprendí a reconocer que el éxito no estaba en donde se encuentran la mayor cantidad de preseas laborales, más vanaglorias para el ego, más satisfacciones superficiales, sino en donde podamos encontrar más instantes de felicidad verdadera, más sonrisas sinceras, algo realmente profundo.
Aprendí que efectivamente la paternidad/maternidad es un sacrificio. Pero no entendido por el concepto tradicional de dolor y sufrimiento, o privación de algo; sino más bien, porque es un SACRO OFICIO (La raíz etimológica de la palabra sacrificio es precisamente esta, oficio sagrado)
Aprendí el verdadero valor de la humildad. Cuando esperamos a un hijo/a, creemos que nosotros seremos aquellos seres que les darán importantes lecciones en su vida, aún así, son ellos quienes nos dan las lecciones más importantes y más bellas, por tanto, debemos tener la humildad suficiente para reconocer que ellos también son nuestros maestros.
Aprendí que la admiración por un hijo es la más grande que existe. Esos “locos bajitos” pueden convertirse en auténticos héroes de carne y hueso, resguardando dentro de sí una gran valentía.
Aprendí que mi ego no puede ser más grande que mi corazón, y que mis fuerzas no son infinitas, por ello, mis manos siempre deben estar atentas a prestar y pedir ayudar cuando sea necesario.
Aprendí que la madurar no depende de la edad, no es una cuestión del avance del reloj biológico sino de la forma en la que aprendamos a tomar con responsabilidad y carácter los acontecimientos que nos presenta la vida.
Aprendí que hay hijos que no nacen de las entrañas, sino del corazón. Engendrar o concebir un párvulo no es sinónimo de “poder ejercer” el título de padre o madre. 
Aprendí el valor de la sabiduría y de la experiencia, cuyos ojos, tal como profería Khalil Gibran, han visto el rostro de los años y sus oídos han escuchado las voces de la vida.
Aprendí que la gratitud es la virtud más grande y más hermosa. Aprendí que debo agradecer a Dios por lo bueno y lo malo, porque todo me acerca a un conocimiento más profundo de lo que me rodea. Aprendí que soy inmensamente bendecida y mis quejas nunca deben tener cabida porque tengo un hijo maravilloso que llena de alegría mis días, un padre responsable para mi bebé, una familia incondicional e increíble y amigos que muchas veces hacen función de hermanos.
Aprendí que “ese loco bajito” que duerme su cuna mientras escribo este texto, es el motor de mi existencia, la luz de mis ojos y de mi casa. La sorpresa más perfecta que decidió anidarse en mi vientre y que se convirtió en el regalo más grande de Dios a mi vida.

“Como flechas en manos del guerrero valiente son los hijos habidos en la juventud” Salmo 127, 4

viernes, 13 de mayo de 2011

Mi milagro de amor



Sylvia Sibaja


Hace 6 años, a una semana de casarme, empecé a sentirme muy mal físicamente, vómitos, mareos, nauseas, acompañados de sangrados muy fuertes durante 15 días.
Llamé a mi doctor y me dijo con voz preocupada que me fuera directo a la clínica y que me realizara una serie de exámenes, entre ellos una prueba de embarazo, la cual yo estaba totalmente segura que iba a salir negativa. Así lo hice llegue como a las 11pm acompañada de mi mamá, mi papá y mi novio, empezaron a realizarme las pruebas: examen de sangre, ultrasonido, entre otros.
Cuando llegó el turno del ultrasonido mi mamá entró conmigo y con una cara de angustia y preocupación empezamos a escuchar lo que el especialista nos iba diciendo, cuando de un momento a otro la expresión del médico  cambio y muy serio se volteo a mi mamá y mi diciéndonos que tenía dos tumores en uno de mis ovarios y que no sabía si eran malignos o no.
Casi me desmayo del susto mientras mi mamá se ponía cada vez más pálida, el doctor llego al hospital y me dijo que tenía que operarme de emergencia y que cancelara mi boda.
Después de los trámites y la cara de preocupación de mi familia y mi novio, me llevaron a la sala de operaciones. Tres horas después apenas recuperándome,  mi médico me dijo que no me pudo salvar el ovario ni la trompa de Falopio, que los tumores eran benignos (más conocidos como quistes) pero me sería muy difícil tener bebés, que sólo con tratamientos de fertilidad,  ya que por sí sola no iba a poder quedar embarazada. Ahí sentí que un túnel se abría y me llevaba sin lograr tocar fondo, mientras mi novio en ese momento no lo podía asimilar.
Cuatro meses después me casé y tenía que esperar dos años a ver si iba a poder tener un bebé. Mientras veía a mi mejor amiga y a mi prima embarazadas.
Yo tenía toda la fe en Dios que iba a poder tener un bebé, un día me hice una prueba de embarazo muy ilusionada, la cual dio negativa precisamente el día de la madre, haciéndome sentir como un gusano aplastado por un cisterna, sintiéndome más triste y frustrada. Mi esposo me decía que ya en poco tiempo íbamos a ser papás, que no me preocupara.
Un día varios familiares visitaron la casa de mi mamá, entre ellos un primo médico que entre risas y bromas de mi familia me explicaba cuales eran mis días fértiles, sin saber que YA ESTABA EMBARAZADA y que la prueba que me había hecho varios días atrás estaba equivocada. Contra cualquier pronóstico medico tenía ya casi 4 semanas de embarazo sin necesidad de ningún tratamiento, solo mi fe en Dios!!!!
Tres años después mi hija Isabella es una niña sana, feliz, juguetona, preciosa y mi milagro, como muchos la llaman.
Cada vez que la veo, recuerdo cada médico que me dijo que nunca quedaría embarazada sin tratamientos, pero así aprendí que por encima de todo solo Dios tiene la última palabra.

viernes, 1 de abril de 2011

Abuela sin previo aviso

Geovanna A. Sánchez
Historiadora y Docente, Universidad de Costa Rica

A los 19 años me convertí en mamá, era estudiante universitaria y me tomó mucho más tiempo del planeado concluir mi carrera, pero inicié el proyecto más importante de mi vida: la maternidad.
Veintiún años después, llegó por sorpresa pero cargado de bendición, mi nieto Santiago, quien me llenó de ilusión y de momentos felices; sentir sus pataditas, verlo en los ultrasonidos, visitar los departamentos y las tiendas para bebés; sin embargo, nada superó el momento en que por primera vez lo tuve entre mis brazos a solo minutos de su nacimiento.  En ese instante pasó lo mejor que ha sucedido en mi vida y recibí  la bendición más grande del Señor.
Siete meses después, puedo asegurar que él es la razón de mi vida y de mi felicidad y que vino a construir lo mejor que tenemos en mi familia. Amo escucharlo balbucear, los biberones, los pañales, los juguetes, salir de la casa por un par de horas con todo lo que parece ser un equipaje de viaje para tres días, sus risas, su mirada, su olor a bebé, verlo comer, jugar, dormir.  Lo amo profundamente.
Son muchos los caminos que el Señor utiliza para transformar nuestras vidas y llenarnos de bendición, si nos dejamos guiar por su mano recibiremos todo lo que Él tiene para nosotros.
Hoy disfruto de otro regalo de la maternidad, el ser abuela y me llena de orgullo y de felicidad poder decir que "soy la abuelita de Santiago."

En mi vientre, una luz de esperanza

National Geographic Channel. Documental: En el vientre materno.
Cindy Saborío
Empresaria

Mi nombre es Cindy Saborío, actualmente tengo 35 años, soy madre de un chico precioso que tiene 11 añitos y es el sol que ilumina mi vida, la BENDICIÓN más grande que Dios me ha regalado.
Les cuento mi historia. Desde muy joven tuve algunos problemas hormonales. Después de varios exámenes, me detectaron un tumor en la cabeza, en un lugar donde el riesgo de extraerlo era muy grande, por lo que después de consultar con varios médicos y que todos coincidieran con que la operación era muy peligrosa, decidí dejarlo ahí y abandonarme en las manos de Dios.
Ahí comenzó lo duro. Empecé a tomar medicamentos muy fuertes, los cuales ocasionan dolor de cabeza, nauseas y vómitos constantes, y peor aún, el impedimento de tener hijos, porque aparte de no ovular, los medicamentos que tomaba, eran tan fuertes que el daño a un bebé sería enorme.
Así estuve por casi 4 años, ciertos meses, me realizaban análisis para poder medir si la cantidad de medicamento que tomaba era la adecuada, si esta no era correcta, tenía que realizarme exámenes de sangre, para descartar un embarazo y poder aumentar la dosis. Siempre me los realizaba tranquila, teniendo muy en claro que el tener un bebé en mi vientre era imposible, esta situación me dolía de sobremanera porque siempre fue un sueño para mí.
En el año de 1999 al realizarme la prueba de control, esta salió positiva, el susto fue terrible. No creyéndolo me realice 4 pruebas en total, casi me da algo porque a pesar de que moría por ser mamá, también el susto de ser soltera era muy grande, no sabía como iba a reaccionar mi familia, sobre todo mi mamá.
Los días pasaron y uno saca fuerzas de donde no tiene y por lo que se tiene en la pancita uno se enfrenta con toda la humanidad si fuese necesario, al final la familia te apoya y uno sigue adelante. Me casé cuatro meses después con Harold, mi amigo querido y el padre de mi gordo. Después de toda la alegría del matrimonio, de la fiesta, de irse a vivir juntos, viene la realidad y vienen las citas medicas y ahí comenzó la prueba mas dura.
Tenía 3 meses cuando empezaron las consultas ginecológicas. El médico que conocía mi enfermedad y los riesgos de seguir con el embarazo, me recomendó el aborto como la única solución, ya que después de tomar durante tantos años medicamentos tan fuertes, mi cuerpo estaba envenenado y podía ocasionar mucho daño al bebé.
Tome la decisión de tenerlo, si Dios me había permitido estar embarazada y Él lo había puesto con su Santa Mano en mi vientre, yo no era quién para quitarlo de ahí. Mi embarazo fue muy difícil, muy doloroso, porque a pesar de tener mucha fe en Dios, también uno es humano, con debilidades y se piensa en muchas cosas.
Mi parto fue muy duro, casi 16 horas de labor, sin embargo en lo único que pensaba era en ver a mi gordito, en revisarlo, en poder besarlo y decirle cuanto lo amaba indiferentemente de cualquier  defecto o impedimento físico que tuviese. Para GLORIA Y HONRA de Dios, mi gordo nació sano, precioso y lleno de vida.
Ya Sebas tiene 11 años, esta en 5to grado, es un niño inteligente, inquieto, hablantín, amoroso y llena mi vida de ilusión, es el motor que impulsa mi vida, si tuviese que retroceder el tiempo, volvería a tenerlo una y otra vez, volvería a pasar por todo, porque desde que el nació mi vida tiene  mas sentido que nunca.
Hemos vivido muchos momentos difíciles, el padece de una enfermedad llamada psoriasis, es muy duro para un niñito, sin embargo con el apoyo de mucha gente linda (ángeles) y sobre todo la ayuda de Dios, hemos aprendido a vivir y a luchar con eso. A veces mi corazón de mamá se hace pedazos, cuando pienso, que este padecimiento es por culpa de mi enfermedad, aunque los médicos me indiquen que no hay relación, uno como madre es tonto y piensa muchas cosas.
Entre Sebas y yo existe un lazo muy grande, somos amigos, confidentes y nos amamos intensamente, he cometido con el muchos errores, (¿qué padre no lo ha hecho?) pero tratamos de llevar una relación bonita, llena de momentos especiales, "apapachos" y sobre todo confianza, el uno con el otro.
No imagino mi vida sin él, en verdad que cada día que pasa este sentimiento crece y no dejo de agradecerle a Diosito por un regalito tan maravilloso, el amor que nos une es inmenso.
Espero que este pequeño relato de mi embarazo, pueda servir de aliento para alguna persona, todo se resume en fe en Dios, porque Él está ahí siempre a nuestro lado, cumpliendo los deseos de nuestro corazón.

Contar o no contar

Shirley Ramírez
Propietaria Boutique Maternales. Especialista en masaje infantil y pionera en la organización de cursos de preparación para el parto en Costa Rica.
Para más información visita: http://www.maternalescr.com/

Las razones por las cuales las menores de edad resultan embarazadas son muchas, y realmente si estás leyendo esto ya no importa mucho comentar por qué, cómo, o en qué se falló.
Pero una cosa si es segura las jovencitas embarazadas no tienen información adecuada, no están preparadas para evitar embarazos y menos para enfrentarlos sin ayuda, sin información.
Les voy a contar mi historia:
Tuve mi primer embarazo a los 30 años y recuerdo que pasaba noches enteras sin poder dormir y me decía a mi misma: ¡Estoy embarazada! Y ahora, ¿qué voy a hacer?
Aunque mi edad, condiciones laborales y vida familiar me permitían tener “un embarazo tranquilo”, el peso de la noticia me golpeó mucho. 
Las dudas, los miedos, el susto, cómo es que una sola palabra: positivo te pone la vida de cabeza. Ya nada será lo mismo.
Toda mujer embarazada enfrenta esos mismos miedos, y si eres una adolescente es obvio, natural y comprensible que quieras ocultar tu embarazo todo el tiempo que se pueda.
El horror a contar, sintiendo que las reacciones no serán buenas, esperando a ver si es un error, incluso pensar que la mejor opción es esperar y tal vez con un poco de suerte llegas a tener un aborto espontáneo. (Sí todos esos pensamientos pasan por la mente, es humano pensar así.)
Pero querida amiga, te voy a contar que la tasa de abortos es mucho más alta en mujeres entre los 20 y 30 años, el problema que tienes al igual que cualquier otro que se te presente, no se va a ir. 
Hablar es muy fácil, pero la decisión la tenés vos. ¿Contar o no contar? Mientras lo piensas el tiempo pasa y tu embarazo avanza sin cuidados prenatales, tu cuerpo se deteriora más aceleradamente por falta de los nutrientes adecuados, la angustia y miedo que sientes lo transmites a tu bebé, vives como un ladrón temiendo ser atrapado, juzgado y enviado a la cárcel de por vida. En este momento además de tener un gran problema enfrente, estás sola, nadie comparte tu angustia y nadie te ayudará.
En cambio si cuentas, seguramente se armará por unos días, eso no te lo voy a negar, pero vas a ganar tranquilidad, libertad, te van a ayudar y ya la carga no será solo tuya. Podrás ponerte en control prenatal, disfrutar tu embarazo.
Me vas a decir, ¿cómo disfrutar esto?  Pues solo con esto te vas a dar cuenta que si se disfruta. Es la única época en la vida de una mujer donde aunque esté gordísima todos te ven linda (jajajaja) además comes lo que se te antoje (con medidita, no abuses), todo el mundo te considera, en la calle todos te dan paso, tienes prioridad en todas las filas, si trabajas tus compañeros se vuelcan a consentirte, si estás en la casa igual llegará el momento en que te “perdonen” y te consientan, siempre habrá alguien que te considere, una abuela, vecina o tía, y de fijo tu mamá te a va cuidar.
Porque eso es lo que mejor sabe hacer una mamá ya vos lo aprenderás, querer a los hijos sin importar quiénes son o qué hacen.
Cuida a tu hijo, sigue mi consejo y cuéntalo. No decidas estar sola en este proceso tan lindo y único.
Escribe y te enviaremos información, no estás sola en esto: youngparentscr@gmail.com

lunes, 28 de febrero de 2011

Fijando nortes, desintegrando prejuicios


Maternidad. Pablo Picasso. 1901
Ana Arroyo 
Padres Jóvenes, Costa Rica. 
Estudiante de Derecho, Universidad de Costa Rica.


Hace algún tiempo abrí la Nación (Suplemento Proa), y encontré una noticia sobre un nuevo proyecto que está implementado el PANI. La autora del artículo detallaba que se trata de un programa que busca prevenir el embarazo en las adolescentes. El proyecto ‘Solo para Chicas’, de la Fundación Paniamor, le enseña a un grupo de colegialas de Hatillo, Santa Ana y Ciudad Colón a valorarse y a priorizar en su vida aspectos esenciales como el estudio.
Este plan es profundamente interesante y útil, especialmente para la población en riesgo social; pero, el titular, el titular de la noticia deja mucho que desear, "Chicas con un norte en la vida".
El científico Albert Einstein solía utilizar una frase que he utilizado como cruz de inquisición a lo largo de mi vida, "es más fácil desintegrar un átomo, que un prejuicio", puedo proferir sin temor a equivocarme que una vez más es válida su aplicación.
A lo largo de los años se ha tenido la idea que los hijos son una interrupción en la vida de las mujeres jóvenes (y por qué no, de hombres también, pero eso será tema de otro post). Este ideario surge a raíz de una revolución femenina que da frutos muy grandes, nos libera de cadenas; mas también nos ata a nuevos paradigmas no siempre correctos.
Mi hijo Santiago vino al mundo hace exactamente 6 meses, luego de meses de ilusión, de mucho amor, de esperanza, de nuevos proyectos, y también de muchas noches de dudas, de momentos donde tuve que de tomar decisiones cruciales (sí, a veces difíciles, pero, ¿qué padre no debe tomar decisiones difíciles?), y de la toma de nuevas y cuantiosas responsabilidades; pero, eso nunca me hizo perder mi norte como mujer.
Al contrario, todo el aprendizaje que me ha dejado ser madre (y eso que apenas mi carrera comienza) me ha otorgado la lección más valiosa de mi vida: las madres jóvenes también tenemos un norte en la vida, incluso en muchos casos mucho más claro que las que no han sido.
Si bien es cierto que hace un año me proyectaba obteniendo un posgrado en alguna prestigiosa universidad extranjera al terminar la carrera, hoy muy orgullosa les puedo decir que espero en 3 años estar escogiendo un buen preescolar para mi hijo, asegurándome de su crecimiento integral como persona, asegurándome que sea inmensamente feliz; y eso no me hace renunciar a la idea de obtener un doctorado.
Yo no creo en la cultura del "pobrecito", de la mediocridad que se forja en el imaginario colectivo de aquellos que ven a una universitaria (por qué no, una colegiala) embarazada. La vida no termina allí, la vida apenas empieza y está en los latidos que hacen vibrar de amor ese útero. Los sueños dejan de ser sueños, se convierten en imperativos existenciales.
Es posible darle cantidad y sobre todo calidad de tiempo a un hijo, enseñarle idiomas, música, formas, texturas, todo el mundo a nuestro alcance, y también estudiar/leer mientras ellos duermen, y obtener buenas calificaciones. Es posible tener a un hijo en el hospital y no separarse de su cama un segundo y no comer o dormir, pues estas se convierten en acciones secundarias.
Lo que resulta imposible es resistirse a tener el corazón atado a una pequeña manita de unos 4cm y a unos ojos grandotes fijados al rostro de su madre, acá es donde la comprensión trasciende barreras y se empiezan a forjar horizontes, ahora para dos.
Recuerdo mi vivencia con sS Dalai Lama en el año de 2005. En ella pude estar junto a un grupo de lamas que construían una mandala (diagramas o representaciones esquemáticas y simbólicas del macrocosmos y el microcosmos, utilizados en el budismo y el hinduismo), para su fe, este conduce hacia el camino a la unidad del ser, muchos le conocen como el laberinto de los círculos.
Creo que no son pocos los que temen a ser padres/madres jóvenes (y no tan jóvenes) por no querer enfrentarse a un "laberinto existencial", (el cual conlleva a una renuncia personal, a la eliminación de cualquier clase de egoísmo, a enfrentar nuestros demonios internos, a asumir las riendas y las responsabilidades de la vida, a encontrar lo que está dentro de nosotros a través de una conexión espiritual superior, a asumir un compromiso de proporciones casi épicas pero no imposibles, a cambiar rutinas y proyectos) pero, que al fin y al cabo, al igual que la mandala, al ser atravesado guarda en sus entrañas la esencia y unidad del individuo, y un cúmulo de experiencias muy positivas.
Un hijo te deja una herencia antes de nacer, un hijo da las fuerzas cuando te sientes más débil, un hijo regala un puñado de sonrisas cuando únicamente se desea llorar, sentir a un hijo en el vientre es la sensación más maravillosa y el milagro más poderoso.
Probablemente la autora del texto jamás imagino la trascendencia del título del artículo en una madre de 21 años. No sé si lo sobredimensioné, pero estoy segura aquellas mamás que rondan mi edad, pensarán de manera similar.
No es fácil pero es posible. Hoy más que nunca sé lo que quiero en vida, LO QUE NO QUIERO, y hacia dónde me dirijo. 
He contado con la bendición de una familia maravillosa y llena de amor que me ha apoyado incondicionalmente; con un padre responsable para mi hijo, y con un bebé impresionante. Tal vez esas razones se han convertido en un "plus", pero estoy segura que todas aquellas luchadoras que carecen de alguna de estas condiciones tienen su norte aún más claro: cruzar horizontes de la mano de sus hijos. 
Soy una madre orgullosa, amo increíblemente a Santiago, y esa es la principal razón para cada mañana sentir gratitud con Dios, con la vida y el universo por regalarme el privilegio de ser mamá. Al fin y al cabo, las flores más bellas nacen en primavera.