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lunes, 18 de julio de 2011

La tartamudez


Nathalia Calderón
Directora del CELA (Centro Especializado en Lenguaje y Aprendizaje).
Terapeuta de Lenguaje, Máster en Psicopedagogía, Máster en Administración Educativa y Licenciada en Educación Especial. Especialista en problemas de aprendizaje UNED.
Colaboradora del programa "Buen Día" 


Cuando hablamos de disfemia o tartamudez  tenemos que tomar en cuenta  que nos encontramos ante un trastorno funcional de la comunicación oral, que afecta el ritmo articulatorio de la palabra y que no deriva de ningún tipo de anomalía de los órganos fonatorios.  Se trata, además, de un trastorno que exige la presencia de uno o varios interlocutores para que pueda evidenciarse. 
La tartamudez, de etiología (de origen) desconocida, es un trastorno del habla que engloba múltiples manifestaciones (lingüísticas y no lingüísticas).    En las personas de habla disfémica se aprecian disfluencias en el habla y la comunicación, caracterizada por una serie de bloqueos, repeticiones o prolongaciones de sonidos, sílabas o palabras (monosílabos), durante la emisión del discurso.  La diferencia entre un habla disfémica y un habla tildada de “normal” reside en la velocidad de la emisión verbal, en la producción de los elementos prosódicos del lenguaje y en la falta de fluidez del mensaje. 
El manual mundial DSM-IV, entiende el tartamudeo como una alteración de la fluidez y de la organización temporal normales del habla, caracterizada por concurrencias frecuentes de uno o más de los siguientes fenómenos:

*           Repeticiones de sonidos y sílabas.
*           Prolongaciones de sonidos.
*           Interjecciones.
*           Palabras fragmentadas.
*           Bloqueos audibles o silenciosos.
*           Circunloquios para sustituir palabras problemáticas.
*           Palabras producidas con un exceso de tensión física.
*           Repeticiones de palabras monosilábicas.

Sucede que las personas de habla tartamuda se muestran incapaces de coordinar la actividad fonorrespiratoria con los órganos de la articulación. 
El factor de la herencia no está probado con certeza, pero en general, aceptada. Empero, para BOOME, la disfemia no se hereda, sólo es hereditaria la inestabilidad nerviosa individual, que queda latente mientras no haya factores exógenos que la pongan en manifiesto.
Sin lugar a duda, es una alteración de la comunicación (más que del lenguaje) consistente en una falta de coordinación motriz de los órganos fonadores que se manifiesta en forma de espasmos que alteran el ritmo normal de la palabra articulada.
El desarrollo sano de un niño comprende una fase de balbuceo o repetición de ciertas sílabas mientras habla; esta etapa puede prolongarse e iniciarse la tartamudez en un ambiente predispuesto o cuando los padres adoptan una actitud demasiado rígida y exigente con sus hijos.
El síntoma más sobresaliente es el bloqueo espasmódico que interrumpe o impide la emisión de la palabra. El espasmo puede ser tónico (lapso de tiempo antes de comenzar el discurso que, una vez iniciado, ya fluye bien) o clónico (repetición de letras o sílabas al principio, centro o final de las palabras) o mixto.
Además el paciente se muestra ansioso, angustiado y, en su esfuerzo por vencer el espasmo, presa de una gran tensión muscular y emocional, con rictus faciales, rubor y transpiración excesiva (sobre todo en manos). Como reacción, puede aparecer miedo a hablar con evitación de situaciones donde es preciso hacerlo, sobre todo, si son nuevas o con personas especiales, mutismo defensivo, tendencia al aislamiento, acentuación de la timidez y reacciones depresivas de distinto grado. Es frecuente, además, encontrar en estos niños cuadros agregados de enuresis y trastornos del sueño.   El ritmo del habla es acelerado (taquilalia); aparecen disartrias (sustituciones y omisiones) según la velocidad del habla.
Algunos consejos fundamentales son los siguientes:
  • Crear ambientes favorecedores de la fluidez.
  • Introducir algunos cambios en su estilo de vida, buscando alejar a la niña de situaciones estresantes.
  • Modelado indirecto, se le ofrece al niño un modelo de habla que haga desaparecer la tartamudez, en un ambiente de juego y sin ningún tipo de exigencia.  La idea es evitar que el niño se haga consciente de su problema, al no mencionar la tartamudez en forma constante (debido a que se puede lesionar su autoestima).
  • Ofrecer al niño un modelo favorecedor de la fluidez: habla algo más lenta de lo normal.  Todo en un contexto comunicacional no exigente. 
  • Animar al niño, a imitar a los padres, siempre en baja exigencia.  Son útiles  las imágenes para describir esta forma de hablar “hablamos como caracoles” y mucho apoyo gestual para modular el habla.
  • Escuchar al niño sin apurarlo.
  • Crear estilos comunicativos que impliquen baja presión para los niños.
  • Dar tiempo para hablar, para que pueda expresar cómodamente su mensaje.
  • No interrumpirlo cuando habla  ni dejar que  él interrumpa a los demás.
  • Formular preguntas una a la vez y sólo las necesarias.
  • Hablar con frases cortas y con un lenguaje fácil, es decir, adecuado  para su edad.
  • Evitar decirle: “pare, vuelva a empezar”,  “no te apures”, “hable despacio”.  Las indicaciones de este tipo aumentan la tensión.
  • Comunicarse con él no solo verbalmente: acariciarlo, mirarlo, tocarlo, aceptarle juegos no verbales.
  • Tener presente que la DISFEMIA no afecta la capacidad intelectual de las personas. 
  • El niño no debe evitar tartamudear.  Debe tartamudear lo más natural y cómodamenteposible y con la menor tensión.  Si evita tartamudear, el autoestima es influenciado por el problema de comunicación y esto desencadena actitudes viciosas.
  • Darle todo el tiempo para hablar y descubrir que la ansiedad es nuestra al esperar que termine.
  • No interrumpir su mensaje.  No completar lo que dice o terminarle la frase.
  • El niño o niña que tartamudea se vuelve muy sensible a lo que “lee” en la cara de quien escucha: no poner caras extrañas ni mostrar ansiedad.
  • Aceptarlo y quererlo así, no es enfermo.  Los bloqueos retroceden cuando la comunicación es esencial y se siente aceptado y cómodo.
  • Evitar las burlas que pueden ser muy dolorosas para el niño DISFEMICO y deben ser eliminadas tanto como sea factible, éstas paralizan, tensionan, llena de resentimiento y tristeza. 
¿Cuándo buscar ayuda?:
Entre los 18 meses y los siete años de edad, muchos niños atraviesan períodos de disfluencia del lenguaje vinculada a sus esfuerzos por aprender a hablar. Los niños de entre 18 meses y tres años de edad con disfluencia normal suelen repetir los sonidos, las sílabas y las palabras, casi siempre al iniciar una oración. Por lo general, esto ocurre en una de cada diez oraciones.
Después de los tres años de edad, el niño con disfluencia normal no suele repetir sonidos o sílabas sino palabras ("No-no-no puedo.") y frases completas ("No puedo-no puedo-no puedo ir".) También es común que usen "expresiones de relleno" como "eh" y "um", que cambien de tema en medio de una oración, que se corrijan y que dejen oraciones sin terminar. Los niños normales pueden manifestar disfluencia en cualquier momento, pero ésta tiende a aumentar cuando están cansados, entusiasmados, agitados, o se les está apurando para que hablen. También pueden perder fluidez cuando hacen o contestan preguntas.
La falta de fluidez de estos niños puede hacerse más frecuente por varios días o semanas o casi desaparecer por semanas o meses y después reaparecer.  En general, los niños con disfluencia normal parecen no estar conscientes de ella y no muestran sorpresa o frustración ante sus errores. Las reacciones de los padres suelen ser más diversas. La mayoría de los padres o no notan estas faltas de fluidez en sus hijos o las consideran normales.
Algunos padres, sin embargo, pueden mostrar extrema sensibilidad al desarrollo del lenguaje de sus hijos y preocuparse innecesariamente por lo que es un comportamiento normal.
La tartamudez leve, en cambio, se manifiesta con mayor regularidad. Puede que ocurra sólo en situaciones específicas, pero es más probable que se repita en estas mismas situaciones, día tras día. Un tercer indicio de tartamudez leve es que el niño se muestre, quizás no profundamente preocupado por su problema, pero sí momentáneamente avergonzado o frustrado. En esta etapa del trastorno, el niño puede incluso preguntar a los padres por qué le cuesta tanto hablar.
La reacción de los padres a la tartamudez leve varía. En su mayoría, se sentirán al menos un poco preocupados y se preguntarán qué deben hacer y si ellos son los culpables. Unos pocos ni se darán cuenta de que existe un problema. Otros podrán sentirse muy preocupados pero negarlo en un principio.
Los niños con tartamudez grave dan muestras de gran tensión, esfuerzo físico y lucha por esconder su tartamudez y pueden incluso evitar hablar. Aunque la tartamudez grave es más común entre los niños mayores, puede surgir en cualquier momento entre el año y medio y los siete años de edad. En algunos casos, aparece después de un período de tartamudez leve de meses o hasta años de duración. En otros casos, surge de repente, sin que la preceda un período de tartamudez leve.
La tartamudez grave es más probable que persista, especialmente en aquellos niños que han tartamudeado por 18 meses o más, aunque algunos se recuperarán de manera espontánea. La frustración y la vergüenza que genera esta dificultad pueden infundir en el niño el miedo a hablar. El niño con tartamudez grave suele mostrarse nervioso o defensivo en situaciones donde espera que le pidan que hable. Aunque es probable que tartamudee todos los días, se le notará más algunos días que otros.
Para poder diagnosticar una disfemia en niños (as),  por tanto el sujeto ha de ser mayor de 5 años.  Si el niño tiene entre 5 y 7 años estamos ante una disfemia primaria (disfluencia). Es el momento óptimo para la intervención.  
Si el niño tiene entre 7 y 10 años estamos ante una disfemia secundaria: el niño presenta un agravamiento de los síntomas y se hace plenamente consciente del trastorno, por lo que empieza a adoptar estrategias evitativas como cambiar la sintaxis de las frases o palabras por sus sinónimos para lograr enunciados más fáciles de pronunciar. Además el niño o niña ya tendrá problemas sociales con sus compañeros
No existe un programa de intervención único, o técnicas especificas universalmente aceptadas. En lo único que hay acuerdo es que la intervención debe ser pluridimensional, no hay una única intervención.
Lo más importante que se debe saber es, que existen técnicas que ayudarán al paciente a disimular  “atenuar” su disfemia;  pero es recomendable  practicarse todas para determinar cuál le es más provechosa.  También se practican ejercicios para controlar  el ritmo, la velocidad, la prosodia, la  respiración  y la articulación, que se ven afectados.
Es conveniente entrenar al niño en el uso del lenguaje lento para hablar mejor a través del relato de cuentos y de una ejercitación y un manejo apropiado de las emisiones del terapeuta  y las respuestas del niño (a).  Se busca obtener  el estiramiento de cada sílaba con los elementos suprasegmentales conservados.   Se aprende la diferencia entre rápido y lento a través de narraciones y actividades comprensivas, discriminativas y expresivas. 
La fluencia verbal se considera cuando el niño o niña es capaz de emitir dos palabras seguidas; en este estadio el niño comete numerosas repeticiones, lo que es “normal”, clásicamente denominado tartamudeo primario o fisiológico.   Las repeticiones van disminuyendo  entre las edades de 2 a 7 años (como etapa máxima). 
Sin embargo, si las alteraciones en la fluidez del lenguaje suelen continuar y se empiezan a observar movimientos y conductas secundarias, tales como:
Movimientos de cuello, del tronco, de los miembros.  Movimientos de la cara como: muecas complejas, tensión de labios, pestañeo de ojos, cierre de labios, temblor (labio – lengua – mandíbula), dilatación de las aletas de la nariz, fruncimiento del ceño.  Chasquillos de la lengua, pérdida de contacto visual, actitud inmóvil, voz ronca, cambio de tono o de timbre, respiración: bloqueos y otro. Lo más conveniente es que  se visite a un Especialista en Lenguaje “Terapeuta de Lenguaje y/o Logopeda”.
La intervención en tartamudez temprana es una de las cuestiones que más interés ha despertado en los últimos años.   Por cuanto más tiempo  tartamudea el niño o la niña, más difícil y lenta será la recuperación de un lenguaje fluido.
La propuesta actual, se basa en seleccionar como primera opción métodos “menos agresivos” como el moldeado indirecto, o los programas de refuerzo del habla fluida  a través de los padres y madres de familia.
Finalmente es válido recordar que la tartamudez es una condición compleja que implica mucho más que la falta de fluidez en el habla. La mayor parte del fenómeno de la tartamudez está oculta. La tartamudez afecta a la persona en su totalidad. Incluye sentimientos, percepciones y emociones destructivas como vergüenza, turbación, culpabilidad, baja autoestima, frustración y miedo a situaciones particulares en las que se requiere hablar. El fenómeno de la tartamudez también abarca conductas inusuales como son los patrones de respiración irregular, la evasión del contacto visual y la sustitución de palabras.
La tartamudez puede ser comparada con un iceberg: El 90% de la masa de un iceberg está oculto debajo de la superficie. De manera parecida, la mayor parte del fenómeno de la tartamudez está oculta. Es un asunto complejo que se compone de muchos elementos diferentes: sentimientos y emociones negativas, conductas extrañas e ideas falsas que afectan todos los aspectos de la vida de una persona.

Disfluencia: Generalmente se habla de ella antes de los 7 años de edad.
Disfemia: Después 7 años de edad en el niño o niña.

¡Con pequeños pasos, grandes avances!

martes, 21 de junio de 2011

La televisión


Nathalia Calderón
Directora del CELA (Centro Especializado en Lenguaje y Aprendizaje).
Terapeuta de Lenguaje, Máster en Psicopedagogía, Máster en Administración Educativa y Licenciada en Educación Especial. Especialista en problemas de aprendizaje UNED.
Colaboradora del programa "Buen Día" 


La televisión es un “entretenimiento” y un importante medio de “difusión”, que resulta ser “constructor” o “destructor” según el uso que se le dé. 
La importancia de la televisión en el proceso de socialización de niños y adolescentes y de todos los actores de la sociedad está relacionada con la calidad de los contenidos de los programas educativos, formativos y de entretenimiento que transmite y de la publicidad que influye directamente en los hábitos de consumo.
Actualmente se ha convertido en uno de los pasatiempos preferidos de los niños y las niñas y de mayor influencia en su vida.  Es importante recordar que los niños (as) almacenan todo tipo de información.. por tal motivo es necesario recordar que la televisión surte efecto en diversas áreas emocionales del niño (a), influye en sus intereses, motivaciones y por ende en su formación completa.  Un niño o niña expuesto a muchas horas de “violencia” frente al televisor, podría llegar pensar que la “agresión” es un medio para resolver situaciones difíciles.  Empero, la televisión también muestra o transmite valores, ya que todo reside en la orientación y en el control que tengan sus padres.

Efectos en el aprendizaje
Los niños aprenden viendo la televisión, la pregunta es  ¿Qué aprenden?  Gran proporción de las conductas agresivas son aprendidas por observación y retenidas por largos períodos de tiempo. No obstante, los niños también pueden aprender muchos valores sociales, como cooperación y ser amables con los demás y aspectos relacionados con su etapa académica .
  
Efectos Emocionales
Es un medio de gran penetración y que en los niños (as)  surte efecto en las áreas emocionales, cognitivas  y conductuales, es decir influye en sus intereses y motivaciones hacia objetos comerciales o hacia la formación integral del niño.

Efectos en la Conducta
La imitación es muy importante en la adquisición de la conducta ya sea, adaptada o desviada. La televisión ofrece modelos simbólicos, que juegan un papel fundamental en la conformación de la conducta y la modificación de normas sociales. Dichos modelos simbólicos pueden ser positivos (conductas normalmente aceptadas por la sociedad) o negativos (conductas rechazadas por la misma).
Los niños (as) aprenden mediante la imitación y la identificación.  Por tanto, es común observar como buscan imitar a sus personajes favoritos.   De ahí la gran importancia de ser orientadores y supervisores  de nuestros hijos e hijas en relación a la televisión que “ven” los niños y sobre todo en cuanto a  escenas violentas.

Algunas recomendaciones para los padres y madres:
Observar programas con nuestros hijos (as).
Apagar la televisión durante las horas de “comida”, de estudio y de tiempo libre,necesario en
todo proceso de desarrollo, ya que los niños necesitan jugar, correr, explorar…
Elegir programas aptos para la edad y nivel del niño (a).
Fomentar el hábito de apagar el televisor una vez concluido el programa que se está observando.
Grabar programas de alto contenido, para poder verlos en diferentes momentos.
En cuanto al tiempo diario se recomienda de 1 a 2 horas máximo al día.
Fomentar la práctica de ejercicio físico del niño (a) y otros tipo de juego de destreza mental, en lugar de tanta televisión al día.
Evitar “telenovelas para adultos”, noticieros o situaciones muy dramáticas; de acuerdo a la edad del menor.
Establecer puentes o conexiones entre lo que está en la televisión y la situaciones reales.
Señalar comportamientos positivos y exaltarlos de algunos personajes; tales como amistad, tolerancia y otros.
Los padres deben recordar que hay contenidos de la televisión que pueden resultar inadecuados para los niños y niñas.
La televisión no debe interferir con los horarios de sueño de nuestros hijos (as).
Es válido retomar con los niños la diferencia entre la realidad y la fantasía.
La televisión no debe convertirse en el centro del hogar.
Se debe encender con el propósito de ver determinado programa y no para ver ¿qué hay?



CELA
Centro Especializado en Lenguaje y Aprendizaje.
Teléfonos: (+506)   22 63 21 16 -  22 63 40 71/ / Fax: (506)  22 65 35 50.
www.nataliacalderon.com

miércoles, 8 de junio de 2011

Estimule a su hijo auditivamente



Nathalia Calderón
Directora del CELA (Centro Especializado en Lenguaje y Aprendizaje).
Terapeuta de Lenguaje, Máster en Psicopedagogía, Máster en Administración Educativa y Licenciada en Educación Especial. Especialista en problemas de aprendizaje UNED.
Colaboradora del programa "Buen Día" 


Estimule auditivamente a su hijo (a).

El habla, el lenguaje y la audición son una parte importante de la vida de su hijo. El habla se describe como la capacidad de emitir sonidos, mientras que lenguaje va más allá de esto y se refiere a la habilidad de comprender y utilizar estos sonidos. La audición es necesaria para el desarrollo adecuado tanto del habla, como del lenguaje.
El lenguaje es un instrumento básico para la relación interpersonal; es un acto de comunicación que permite intercambiar ideas y emociones. Se halla estrechamente unido a la inteligencia y al pensamiento ya que para llegar al lenguaje tenemos que ser capaces de imaginar y recordar, tener el símbolo de las cosas sin que éstas estén delante.  Por tanto se  considera una de las condiciones humanas más importantes, ya que permite que el hombre evolucione, por lo tanto, el hablar de un modo claro y comprensible, constituye un requisito fundamental para la vida útil.  El no contar con esta posibilidad para comunicarse con los semejantes, puede limitar muchos aspectos de la cotidianidad.    Es básico tomar conciencia  de la importancia del lenguaje oral como instrumento  por excelencia, utilizado por el ser humano para establecer comunicación con sus iguales.    
Cuando en la familia se vive un ambiente estimulante y educativo se favorece el desarrollo lingüístico del niño,  todos los niños y niñas necesitan cierto grado de estimulación. De ahí se deriva la importancia que juega además la estimulación auditiva en el aprendizaje del lenguaje total.   
Es importante recalcar que la audición es más responsable del aprendizaje de la lectura y la escritura que la visión. Si bien la lectura requiere de una buena capacidad visual para que se adquiera normalmente, un niño que nace ciego puede aprender a leer y a escribir, hecho que logra por medio del sistema Braille. Esto sucede gracias a que esos niños, al tener una buena audición, no tuvieron problemas para desarrollar su lenguaje oral, el cual es la base para la adquisición del sistema constituido por la lectura y la escritura.  Es por eso que no debemos olvidar que leer es pensar y escribir es pensar por escrito. Además, una buena discriminación auditiva lleva a una correcta comprensión lectora.
El entrenamiento auditivo es vital y deberá iniciarse con el descubrimiento y análisis de “ruidos naturales”, que en forma organizada y planificada conduzca al niño a la apreciación de las diversas cualidades sonoras (nivel pre- musical).
La mayoría de los niños oyen y escuchan desde el nacimiento, aprenden a hablar imitando los sonidos que tienen alrededor, las voces de sus seres queridos.    Ya que nuestro lenguaje, es un lenguaje de sonidos, compuesto de sonidos como las consonantes y vocales.   Lo anterior conlleva que la corrección del lenguaje oral esté íntimamente ligada a una percepción auditiva adecuada.  La cual tiene un papel esencial efectivamente en el desarrollo del lenguaje, pues del oído depende la comunicación acústica con el exterior.  Considerando por tanto al lenguaje oral como el elemento activo y a la audición como el elemento pasivo.    Para conseguir una correcta articulación de los fonemas es fundamental una audición correcta.


Algunas estrategias para una adecuada estimulación auditiva:

En los primeros años:

Mover juguetes musicales, invitando al niño a buscar la fuente sonora y relacionando el ruido con el movimiento.  Hablarle desde diferentes sitios, susurrarle al oído, cantarle canciones infantiles, ponerle música variada, variar el tono de voz, mostrar libros con grandes ilustraciones, nombrarle los objetos mientras se los vamos mostrando.

De 2 a 4 años:
Describirle las acciones que realiza el protagonista de un cuento, llenar frascos con diferentes materiales, para apreciar las diferencias sonoras en un frasco de vidrio.

De 4 a 6 años:
Leerle cuentos y formularle preguntas sencillas.   Identificar sonidos producidos por el cuerpo (palmadas, saltos y otros).  Nombrar objetos según una característica dada, dime algo que sea azul?

De 6 a los 7 años:
Seguir órdenes sobre un papel, clasificar objetos que van juntos, dar secuencias de números, letras o palabras y que el niño las repita.  Memorizar versos, trabalenguas, adivinanzas. 

Otros ejercicios que enriquecerán el área auditiva:

  1. Repetir canciones o poemas que riman. Por ejemplo: "Aserrín, aserrán los maderos de San Juan..."
  1. Inventar palabras que riman. ¿Cuántas palabras puede encontrar que riman con la palabra gato?
  1. Hablar sobre los primeros sonidos de palabras conocidas. Pregúntele al niño: ¿Qué sonido escuchas al inicio de tu nombre? ¿Conoces alguna otra palabra que comience con el mismo sonido?
  1. Diseñar un libro familiar. Tenga una fotografía de todos los integrantes de la familia y encontrar  fotografías de objetos que comiencen con la misma letra de su nombre.

Ante la menor sospecha de que el niño o niña no escucha correctamente consulte a un especialista en el campo.

¡Con pequeños pasos, grandes avances..!

Bibliografía de apoyo:


Beirute, L. otros.  (1995). Colección: Ayudemos a nuestros niños en sus dificultades escolares.  Editorial Universidad de Costa Rica. 
Bustos, M. (1995).  Manual de Logopedia Escolar.   Madrid, España: CEPE.
Bustos, I. (1999). Discriminación auditiva y Logopedia.  Madrid, España: CEPE.
Condemarín, M. y otros. (1995).  Madurez Escolar.  Madrid, España:  CEPE.
Jiménez, J. otros. (2000).  Corregir problemas de Lenguaje.  Barcelona, España: RBA.
Juárez A. y Monfort, M. (1989).  La estimulación del lenguaje oral. Madrid, España: Santillana,
Méndez, J. (1995).  Áreas de corrección para niños con problemas de aprendizaje y su control.  PROMECE.

jueves, 26 de mayo de 2011

Desarrollo tardío del lenguaje



Nathalia Calderón
Directora del CELA (Centro Especializado en Lenguaje y Aprendizaje).
Terapeuta de Lenguaje, Máster en Psicopedagogía, Máster en Administración Educativa y Licenciada en Educación Especial. Especialista en problemas de aprendizaje UNED.
Colaboradora del programa "Buen Día" 


Los niños y niñas adquieren el desarrollo del lenguaje principalmente de su entorno social y familiar.  Lo cual les permite acceder  en las primeras etapas del lenguaje.  Sin lugar a duda el lenguaje es de vital importancia, ya que es un puente de acceso a diversas e innumerables situaciones de aprendizaje.
Sin embargo, no todos los niños progresan de igual forma, y por tanto podemos hablar de un “Desarrollo tardío del lenguaje” cuando el niño (a) no está en disposición, a una edad determinada, de comprender y/ o de expresarse por medio de palabras y de frases en relación con su edad cronológica.   En estos niños y niñas la aparición del lenguaje es más tardía de lo habitual y se desarrolla lentamente y desfasada con respecto a lo que cabe esperar en un niño (a) de su edad.  Debe tenerse en cuenta que esta disfunción no tiene relación con la capacidad intelectual, ni con alteraciones motrices o sensoriales.
Es importante saber que cosas son “esperables”  y cuáles no en el desarrollo del habla y el lenguaje puede ayudar a entender si el niño presenta un desarrollo adecuado.     Ya que generalmente entre los 2 y 3 años, los padres suelen ser testigos de una gran explosión de vocabulario de sus hijos.   El vocabulario debe aumentar a un ritmo en el que no se pueden contar las palabras y debe combinar, en forma cotidiana, tres o más palabras para formar oraciones.  Así, como va en notable aumento la comprensión.
En qué consiste la diferencia entre habla y lenguaje:

El habla es la expresión verbal del lenguaje e incluye la articulación (pronunciación), que es la manera en la que se forman las palabras.   Cuando estamos frente a un “retraso del habla”, es  un retraso en la aparición aparece retrasada de 6 a 10 meses, con respecto a lo que se espera. 

El lenguaje es mucho más amplio y se toma en cuenta todo el sistema de expresión y de recepción de la información.  Ya que consiste en comprender y ser comprendidos por medio de la comunicación verbal, no verbal y escrita.   Cuando existe un retraso en la aparición de todos los niveles del lenguaje, que afecta sobre todo a la expresión.  Aunque la comprensión, por lo general está menos afectada. 

Los retrasos en el desarrollo del habla y del lenguaje, obedecen a muchas  causas.  Algunos niños con retraso en el habla presentan problemas de motricidad en la boca, es decir, que se le dificulta usar la lengua, los labios y la mandíbula para emitir sonidos.  Las dificultades auditivas también suelen estar  relacionadas con los retrasos del habla. 
Los problemas de comunicación repercuten también en la relación: si las iniciativas lingüísticas del niño o de los padres no tienen una respuesta adaptada, pueden aparecer por ambas partes manifestaciones de frustración; en el niño (a) se puede notar una inhibición, una inestabilidad,… el niño (a) hablará si su entorno se comunica con él, si observa los gestos, si comprende las palabras de la persona que le habla, y si puede hacer movimientos que induzcan a la palabra.
Es necesario comprender que el desarrollo del habla y del lenguaje van de la mano.  Por tanto un desarrollo tardío en el habla, tiene que ver cómo un niño está diciendo sus sonidos.  Un retraso en el lenguaje es la dificultad en entender las palabras y su significado y además, una incapacidad de ponerlas juntas en frases. 

Es válido tomar en cuenta:

Antes de los 6 meses: contacto visual, gestos, voltear la cabeza o llorar cuando se siente cansado, sonreír, reír.

Entre 6 a 12 meses: balbuceos; logra unir varios sonidos del habla; reconoce la gente, responde a su nombre.

Entre 12- 18 meses: es capaz de articular entre 10 a 50  o más palabras; seguir instrucciones simples, voltear páginas de un libro; responder a una pregunta señalando; agrupar los objetos en el juego (por ejemplo, todos los carros juntos).

Entre 18- 24 meses: dos palabras puestas juntas (por ejemplo, “más agua”); nombrar y  mostrar partes del cuerpo; debería ser capaz de hacer (imitar) los sonidos de varios animales.

Entre 24-36 meses: 50- 300 palabras o más; frases de 3 palabras; ser capaz de preguntar “por qué?”.  Además, el niño (a) debería ser capaz de comprender y utilizar algunas preposiciones.  Ejemplos de preposiciones: a, ante, bajo, con, de, en, entre, para, por… y otros más.

Entre 3- 5 años:  la mayor parte del lenguaje y de los sonidos deberían haber sido obtenidos en este punto.  A esta edad ya el niño (a) debería tener configurado su lenguaje de acuerdo con las normas gramaticales que caracterizan el lenguaje del adulto.